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Antes de entrar en cómo colocar estores en nuestras habitaciones, vamos a analizar qué tipos existen y para qué son adecuados. Los estores se suelen clasificar según el mecanismo de apertura que llevan. En este sentido, existen tres modelos:
- Estores plegables. También conocidos como estores paqueto, son los más “antiguos”. Consisten en una pieza de tela que se fija a un listón o raíl sobre la ventana (normalmente llevan velcro para poder despegarlos y lavarlos). Para abrir el estor, basta con tirar de unas cuerdas que lo van plegando y lo recogen en la parte superior. Algunos modelos llevan unos cordones que crean ondas, mientras que otros incluyen varillas horizontales para formar pliegues regulares. Estos estores aportan un estilo clásico y fresco; en color blanco, quedan perfectos con cortinas gruesas de tejidos naturales.
- Estores enrollables. Están formados por un eje horizontal en el que se recoge una pieza de tela más bien rígida, enrollándose a su alrededor. Su instalación es sencilla y su efecto, moderno y actual. Los hay de distintos colores y estampados; existen modelos térmicos que ayudan a ahorrar energía, añadiendo aislamiento a las ventanas. Estos estores se pueden subir y bajar con un mecanismo manual de cadenilla, pero también se pueden motorizar y manejar con mando a distancia, interruptor o conexión wiFi.
- Estores noche y día. Son estores enrollables con dos piezas de tela superpuestas. Las piezas llevan franjas horizontales opacas y traslúcidas. Cuando el estor se desplaza, si las franjas coinciden la luz quedará más matizada; si se alternan, entrará más. Crean efectos luminosos y juveniles. Los hay en distintos colores, pero lo más habitual es que sean blancos.