Se puede observar fácilmente cuando entre los gresites existen zonas sin la junta blanca impermeable que los une, viéndose unas líneas negras, que no tienen por qué ser suciedad, sino el cemento negro de la parte trasera del revestimiento vítreo.
Cuando tenemos una piscina con falta de lechada pueden aparecernos algas de forma más permanente entre los gresites, ya que tienen un sitio donde cobijarse y hacerse fuertes, a pesar de dar dosis de choque de desinfectante o de anti algas fuertes.
También se puede dar el caso de que por falta de lechada algunos de los cantos vivos de los gresites puedan provocar cortes a los bañistas, por lo que es muy recomendable que siempre esté en condiciones óptimas.
Antes-despues de lechada: estéticamente es muy agradable ver una piscina con la lechada en perfecto estado.
Aproximadamente cada 4 o 5 años es recomendable vaciar el vaso de la piscina, proceder a una limpieza en profundidad con hidrolimpiadora y algún producto desinfectante y desincrustante, que ayude a levantar parte del cemento que hay entre los gresites.
De esta manera cuando apliquemos la lechada nueva agarrará mucho mejor, ya que en zonas donde ya existe lechada, la nueva saltará de forma natural al no tener base.
La junta blanca impermeabilizante debe ser especial para piscinas, ya que va a estar en contacto con agua, productos químicos e inclusive con sal, si en nuestra depuradora tiene una desinfección con clorador salino. Todo ello sin olvidar del efecto del sol.
El material de la junta debe ser resistente a las heladas, debe endurecer cuándo seca, sin llegar a fisurar y es recomendable que sea dúctil y trabajable para que su aplicación sea la más correcta.
El tener una lechada en condiciones nos facilita la limpieza del vaso, además de repeler parte del agua y ayudar a la impermeabilización del vaso. Esto no quiere decir que la lechada sea la que hace estanca una piscina, pero si ayuda a ello