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Sin duda es una propuesta muy atrevida porque la idea de integrar espejos en la cocina alcanza su máxima expresión estética. La razón es que los frentes de los armarios se convierten en superficies de espejo que van prácticamente de suelo a techo, creando juegos visuales muy elegantes y aumentando notablemente la sensación de amplitud espacial. Parece mucho más grande. Aparte de su gran atractivo decorativo al ir panelados, puede ser un recurso muy práctico para esconder muebles de almacenaje que saturan a la vista.