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Otro clásico de los meses de frío es el color borgoña, granate o vino tinto, llámalo como quieras. Es un color que dentro de su ‘seriedad’, rompe con los ‘aburridos’ y monótonos marrones y grises que vemos absolutamente todos los inviernos. Es cálido y glamuroso al mismo tiempo. Una apuesta ciertamente arriesgada para las paredes, ya que empequeñece y oscurece el ambiente, pero no por eso es menos interesante. Más fácil de aplicar en textiles o en el sofá.