Si al entrar en él sientes cualquier cosa menos calma, mal vamos. Que sea pequeño, no tenga un buen armario, o lo dediques también a despacho, no es excusa para tenerlo hecho una leonera... Dedica un día entero a poner a punto el armario (como te explicamos más arriba) y limpia a fondo todas esas cosas que habitualmente se pasan por alto: la parte de arriba de los armarios, la lámpara, ese espacio detrás del cabecero o del radiador. ¿Qué tal está el colchón? recuerda que algunos hay que voltearlos, y que aspirarlos de vez en cuando no solo es una cuestión de limpieza, también de salud. Llenar el dormitorio de muebles auxiliares no va a solucionar la falta de espacio (todo lo contrario), necesitamos menos, pero mejor pensados. Puedes aprovechar la pared del cabecero para instalar uno a medida muy discreto, o ese rincón muerto en el que ahora hay una silla con ropa apilada, para diseñar un buen zapatero.