A la hora de sustituir un fusible, es importante tener en cuenta que los hay de diferente tipo, tanto por el material en el que están fabricados como por la tensión que soportan antes de fundirse. Aunque existen muchos modelos, hay algunos de uso más habitual:
- Cilíndricos: en ellos el filamento va protegido por un tubo cerámico de gran resistencia a golpes.
- Encapsulados de vidrio: son muy parecidos, pero en lugar de por material cerámico están protegidos por un cilindro de vidrio, lo que permite comprobar fácilmente se han fundido o no.
- De cuchillas: se usan en grandes instalaciones. Los filamentos se colocan en carcasas de estructura. Los hay con percutor o sin él.
Además de estos, hay fusibles de tapón enroscable, de pastilla, de cartuchos, etc. Cada uno de ellos tiene diferentes usos, como lo tienen según la tensión que soportan. En este caso, hay que tener en cuenta la letra con la que se identifican:
- Clase G: soportan una corriente de hasta 60 amperios y una tensión de hasta 600 vatios.
- Clase H: en este caso, aguantan corrientes de hasta 600 amperios y tensión de 600 vatios.
- Clases j y K: ofrecen la misma resistencia que los de clase H, pero actúan con retardo.
- Clase L: resisten tensiones de hasta 600 voltios y corrientes de 6.000 amperios.
- Clase R: soportan entre 250 y 600 vatios y corrientes de 600 amperios.
Tener en cuenta estas características es fundamental para elegir siempre el fusible correcto. La forma no representará mayor problema, ya que, si se elige un modelo no compatible, simplemente no encajará. El problema radica en el amperaje, puesto que con un componente inadecuado la instalación quedará desprotegida.