La normativa es muy estricta en este sentido y contempla multas para quienes no realicen las correspondientes revisiones o inspecciones. En algunos casos incluso se puede incluso cortar el suministro.
Pero, más allá de las sanciones, la revisión de la caldera es aconsejable por otros motivos. En primer lugar, por tu seguridad y la de los tuyos. Una mala combustión o una deficiente ventilación implican riesgos para las personas y para la instalación.
En segundo lugar, un buen mantenimiento asegura una mayor eficiencia energética, con el consiguiente ahorro en la factura. Y, además de ello, prolongarás la vida útil del aparato.
Por lo tanto, conviene no olvidar esa revisión de la caldera marcada por la normativa. Y, en el caso de equipos en los que es obligatoria cada dos años, lo ideal es no dejar pasar tanto tiempo y realizarla de forma anual.