Porque la vida real no es un catálogo, ni nuestras casas son tan perfectas como las de las revistas. Si por mucho que te esfuerces, no encuentras ese mueble que encaja en el hueco, o tienes un pilar imposible, una incómoda viga o un pasillo estrecho (pero estrecho de verdad), tendrás que ir a parar a un mueble a medida. También cuando no quieras que se parezca al de nadie, o aún teniendo espacio buscas un mueble que aproveche todo el alto y todo el ancho, o que incorpore elementos que, de no ser una pieza exclusiva, no encontrarías en ningún sitio. Un armario estándar te permite salir del paso (es verdad), pero no revaloriza tu vivienda como sí lo hace uno (o varios) a medida. Y esto se aplica a toda la casa. Imagina en el caso de los baños: ninguno será demasiado grande, ni excesivamente pequeño, si podemos contar con un profesional que nos haga un mueble de la medida perfecta.