Existe la creencia de que las aguas con mucha cal son perjudiciales para la salud. Sin embargo, hasta ahora no hay evidencia científica que lo demuestre. Sí tiene otras consecuencias que, de un modo u otro, nos afectan, como que pueden resecar la piel o el cabello.
Las aguas duras se distinguen también porque esos minerales disueltos “neutraliza” los compuestos de jabones y detergentes, por lo que es necesaria más cantidad para hacer espuma. Además de ello, con el tiempo acaban provocando incrustaciones visibles en grifos y sanitarios.
Pero lo realmente peligroso es el efecto de la dureza del agua en las instalaciones. La razón es que en el interior de las tuberías se pueden acabar formando cúmulos. Y es la propia organización mundial de la salud (OMS) la que marca el umbral a partir del cual es más probable que se formen incrustaciones: concentraciones superiores a 200 mg/l. El resultado son grifos con poca presión y atascos en conductos.
Los electrodomésticos que necesitan de agua para funcionar también sufren estos problemas, que pueden derivar en averías muy serias. La cal no solo se acumula en entradas de agua, también en cualquier otro elemento que esté en contacto con ella.
Si de repente el calentador no arranca, puede deberse a que el agua no llega con suficiente presión por una acumulación de cal en la tubería de entrada. Y lo mismo puede ocurrir con lavadoras o lavavajillas en los que las incrustaciones pueden dañar seriamente las resistencias. Pequeños electrodomésticos como centros de planchado o cafeteras tampoco son inmunes a la dureza del agua.
En muchos casos, la solución pasa por avisar a un profesional que se encargue del desatasco y limpieza de las tuberías o de los elementos afectados por la cal. En otros casos no habrá más remedio que sustituir las piezas dañadas.
Para evitar esas averías y el gasto añadido que implica que los electrodomésticos no funcionen correctamente, lo mejor es la prevención. Si en casa las aguas son muy duras, instalar un descalcificador prolongará la vida útil de los equipos y evitará que la cal se acumule en tuberías o sanitarios.
Una solución más económica es ajustar el funcionamiento de los aparatos a la dureza del agua y realizar ciclos de limpieza y descalcificación de vez en cuando.