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Antes de nada, vamos con las desventajas que presentan los platos de ducha enrasados o integrados. Las más relevantes son las siguientes:
- Hay que hacer una obra importante. Para instalar un plato de ducha de este estilo hay que levantar el revestimiento que cubre el suelo, instalar un desagüe adecuado a este tipo de elementos, generar una inclinación del plato hacia el desagüe de 6-7 cm como mínimo (muchos platos vienen ya con esta inclinación para facilitar la instalación) y rematar el resto del pavimento.
- No se pueden instalar en todos los suelos. Si el forjado que separa las plantas del edificio no es lo suficientemente grueso como para acoger el desagüe y el plato, no será posible enrasarlo por completo. Los expertos señalan que entre la parte inferior del plato y el forjado debe haber por lo menos 5 cm de arena u hormigón. Si no es así, la alternativa es instalar un plato ligeramente elevado (1-2 cm, por ejemplo).
- Pueden no ser lo bastante estancos. En estos platos es más fácil que el agua rebose hacia el exterior de la ducha, ya que no hay reborde alguno que lo impida. Para evitarlo, la instalación debe tener la inclinación correcta en todos sus puntos (para que el agua se dirija hacia el desagüe). También conviene instalar mamparas que cierren buena parte de la ducha, por su parte inferior.
- A veces resultan fríos. En duchas grandes con paltos a ras de suelo, el calor se disipa más que en cabinas más cerradas. Esto puede generar sensación de frío.
- Precio más alto. Los platos de ducha a ras de suelo conllevan más obra que los estándar, por lo que el presupuesto se puede disparar. No te pierdas este artículo sobre precios de platos de ducha de obra antes de decidirte a instalar uno en tu baño.