El nórdico invita más a apostar por colores fríos, el japonés wabi sabi lo hace más por los naturales. De la mezcla de los dos, conseguimos una apuesta clara por tonos naturales como el verde, gris, beige, azul o rosa. Mientras la armonía del ambiente no se rompa, tienes permiso para aplicar altas dosis de color en textiles, alguna pared... Lo más importante es que prime la simpleza. Escoge una decoración muy básica y con pocas (pero bien escogidas) piezas decorativas. Qué huyamos de lo recargado no quiere decir que sean espacios sin personalidad. Es importante sentir sensación de amplitud. Ya sabes, fuera paredes que estorban, más puertas de cristal, espacios diáfanos... Ten cuidado con el volumen de los muebles y respeta siempre unas zonas de paso fluidas.