El mejor ejemplo de que no hay un material mejor que otro es que muchas viviendas incluyen tabiques construidos con ambos materiales. Las paredes maestras o muros de carga, por ejemplo, son siempre de ladrillo u hormigón y forman parte del propio edificio. Y lo mismo pasa con la envolvente, es decir, las paredes que dan a la fachada. Por otra parte, actualmente muchas reformas optan por eliminar tabiques y levantar otros; y en estos casos, suelen elegir pladur para las nuevas particiones. Por ejemplo, si queremos instalar una puerta corredera encastrada (con casoneto) el tabique deberá ser hueco para poder ocultar la hoja cuando esté abierto. Y la mejor solución en este caso es, sin duda, la tabiquería en seco realizada con planchas de cartón-yeso.
Pero el ladrillo también tiene sus aplicaciones, que difícilmente puede igualar el pladur. Un buen ejemplo son los cuartos de baño, donde muchas veces hay hornacinas, retranqueos o soluciones que son mucho mas fáciles de ejecutar con ladrillo. Y por supuesto, si queremos incluir un muro de ladrillo visto en la vivienda (una tendencia decorativa al alza), lo mejor es escoger un ladrillo caravista de calidad. Se podría levantar un tabique de pladur y cubrirlo con papel pintado o placas que imiten el material, pero el efecto sería mucho más pobre. ¡Nada que ver con el ladrillo auténtico!