Si te gusta el acabado de la cerámica por su dureza y facilidad de limpieza, no renuncies a ella para evitar la obra. Puedes poner un suelo cerámico de colocación en seco sobre el que ya tienes. La instalación se puede hacer con junta o sin ella. Muy a tu gusto. Y tiene una ventaja adicional, que puede venir muy bien en viviendas: permite ser pisado en cuanto se instala. Acepta el intercambio de piezas en cualquier momento (imagina que se rompe una baldosa) e incluso aprovecha la instalación para pasar cableado por debajo (para el home cinema, una toma de antena...) o añadir aislamiento térmico y acústico. ¿Y qué pasa con el suelo de debajo? pues que se queda como está. Este tipo de suelo no daña el pavimento existente, es removible y se puede reutilizar, si te hiciera falta en otra casa (o negocio, si es tu caso). En cuanto a los formatos disponibles, hay una variedad enorme: desde 30x60 cm, hasta 90x90 cm.