Deberíamos hacer revisiones periódicas de todo lo almacenado. Igual que de manera regular se debe hacer balance de lo que acumulamos en la despensa o los armarios, lo mismo con el trastero. De no hacerlo así, dejará de ser un espacio útil y se convertirá en un problema. No es preciso que lo incluyas en la rutina semanal de limpieza. Con las cajas con tapa prácticamente todo estará resguardado del polvo, y solo tendrás que, de vez en cuando, limpiar el suelo y las ventanas. Pero si sería conveniente que a partir del día en que lo hayáis dejado limpio y ordenado, os toméis la obligación de todos los meses pegarle un repaso. Invierte algo de tiempo en dejar siempre espacio para cosas que sí te conviene guardar y tener controladas en todo momento. Al ser lugares de poco tránsito, húmedos en algunos casos, oscuros y mal iluminados, es posible que sin que tú lo sepas se encuentre habitado por unos inquilinos muy incómodos: termitas, roedores o insectos… conviene por ello mantenerlo limpio, y sanearlo si descubrimos humedades y bichejos (vivos o muertos) que pueden estropear lo que almacenas.